Adolescentes y alcohol: los riesgos físicos y psíquicos

Sara y Jimena han quedado para ir de botellón con compañeros del instituto el sábado por la noche. Compran hielo, vasos y refrescos; también consiguen sin problemas cervezas y varias botellas de licor, que llevan a un parque de la ciudad. Se acomodan en unos bancos donde charlan, escuchan música a través de altavoces portátiles conectados a sus móviles y beben, principalmente, combinados de licor y refrescos. Hacia la medianoche, uno del grupo lía un porro, que se van pasando. Las chicas, que ya están bastante borrachas, prueban a dar su primera calada y se ponen a toser. Se miran, se ríen y esperan a ver cómo se sienten.

 

La mayoría de los padres da por supuesto que beber alcohol durante la adolescencia no es bueno, pero asumen que forma parte de las experiencias que los chicos y chicas quieren probar en su camino hacia la vida adulta. De hecho, hay padres que matizan que, dentro de lo malo, prefieren que sus hijos adolescentes beban alcohol a que experimenten con marihuana, drogas sintéticas o cocaína. Efectivamente, los efectos perniciosos del consumo de drogas están bien documentados, pero ahora también se están publicando nuevos estudios que demuestran que beber alcohol durante la adolescencia también entraña riesgos.

Aunque el alcohol es una substancia legal a partir de cierta edad, en la cultura occidental hay bastante permisividad en cuanto a que chicos y chicas beban cuando aún son menores. Sin embargo, lo cierto es que los niños y adolescentes son más vulnerables a sufrir daños derivados del consumo de alcohol. Es más, cuanto más joven se empieza a beber, mayor es el riesgo para la salud. Por tanto, los adolescentes que beben corren más riesgo de sufrir problemas de salud tales como episodios de intoxicación, coma etílico, dependencia o cirrosis hepática. Además, el consumo de alcohol incrementa el riesgo de sufrir accidentes, incluidos los de tráfico, si después de beber se conducen vehículos de cualquier tipo.

Los datos globales de la Organización Mundial de la Salud revelan que el mayor número de episodios de consumo excesivo de alcohol se dan en jóvenes de entre 15 y 19 años, y que estos episodios son especialmente comunes en Europa y los Estados Unidos.  Se entiende por episodio de consumo excesivo de alcohol la ingesta de 60 gramos o más de alcohol puro en una sola velada, y que esto ocurra al menos una vez al mes.

Para poner estas cantidades en perspectiva, podemos calcular que una bebida estándar (una lata de cerveza, una copa de vino o un chupito de vodka) contiene 10 gramos de alcohol. Según esto, diremos que se incurre en un episodio de consumo excesivo cuando se beben, de una sentada:

  • 6 o más cervezas,
  • una botella de vino o más,
  • seis o más chupitos de licor, solos o combinados con refrescos, o
  • se mezclan las tres formas anteriores, de manera que el total consumido suma 60 gramos o más de alcohol.

El consumo de alcohol en adolescentes está asociado a un creciente riesgo de muerte debido a accidentes, suicidios y sobredosis. Los últimos datos de la OMS señalan que cerca de un 20% de las muertes de adolescentes de entre 15 y 19 años en Europa fueron atribuibles al consumo de alcohol. Los datos referentes a jóvenes norteamericanos de esa edad son apenas más bajos, con el consumo de alcohol implicado en un 17% de las muertes.

Además del riesgo directo de muerte, las últimas investigaciones revelan que el consumo excesivo y reiterado de alcohol también causa daños en el desarrollo cerebral de los adolescentes.

Los estudios longitudinales (realizados observando a una serie de personas durante largos periodos de tiempo) muestran que los adolescentes que empiezan a beber alcohol a los 12 años y siguen consumiendo masivamente a lo largo de su adolescencia, muestran patrones de crecimiento cerebral anormales. Esto significa que el consumo de alcohol durante la adolescencia afecta a cómo crece y se desarrolla el cerebro.

El consumo de alcohol afecta al ritmo y a la manera en que se desarrollan las estructuras cerebrales. En concreto, se observa que la cantidad y ritmo de desarrollo de la materia gris y la materia blanca del cerebro es diferente entre adolescentes bebedores habituales y entre aquellos que beben muy poco o nada. Para que nos entendamos, la materia gris es importante para los procesos cerebrales y la materia blanca es la encargada de comunicar las órdenes del cerebro a través del cuerpo. Por tanto, cualquier variación en el desarrollo de estas partes del cerebro afectarán a todas las funciones que cumplen.

Esto es importante porque demuestra que incluso cuando los jóvenes toman precauciones para no sufrir accidentes directos, tales como no conducir después de beber, aún pueden estar sufriendo daños irreversibles en su organismo. La adolescencia es una época de desarrollo rápido y profundo en la mente y el cuerpo. Según los nuevos estudios, el consumo de alcohol puede estar afectando a ese desarrollo, en concreto al desarrollo del cerebro.

Lo que se sabe acerca de los riesgos que entraña el consumo de alcohol, tanto de daños externos a la integridad física de las personas, como posibles perjuicios a nivel interno, deberían ser el principal argumento  para que los progenitores seamos proactivos y hablemos con nuestros hijos e hijas sobre las posibles consecuencias del consumo de alcohol. Lo ideal sería hablar con ellos antes de que lleguen a la edad en que podrían empezar a consumir, es decir, cuando tienen entre ocho y diez años. Como padres, podemos abordar el asunto de manera informativa, compartiendo datos y conocimiento con los chicos, para que puedan tomar decisiones adecuadas por sí mismos, entre ellas la de elegir no beber alcohol mientras sus mentes y sus cuerpos se están desarrollando.

Aunque el alcohol es una droga legal con restricciones de edad mínima al consumo, a muchos progenitores les parece normal que sus hijos tomen alcohol durante la adolescencia. Sin embargo, está demostrado que el consumo de alcohol en esta franja de edad tiene efectos potencialmente dañinos para sus organismos en pleno desarrollo. Para proteger a nuestros hijos e hijas de estos riesgos, lo mejor es ser proactivos y hablar con ellos.

Fuente:

Centros para el Control de las Enfermedades. (2016). Consumo de alcohol en menores. Centros de Prevención  Control de las Enfermedades. Datos consultados el 14 de marzo de 2018 en: https://www.cdc.gov/alcohol/fact-sheets/underage-drinking.htm

Pfefferbaum A., Dongjin, K., Brumback, et al. (2017). Trayectorias alteradas de Desarrollo cerebral en adolescentes que se han iniciado en el consumo de alcohol.  American Journal of Psychiatry [Epub disponible online antes de su publicación impresa], doi: 10.1176/appi.ajp.2017.17040469.

Organización Mundial de la Salud. (2014). Informe global sobre alcohol y salud. Biblioteca de Datos de Catalogación en Publicaciones de la OMS, Ginebra (Suiza). ISBN: 978 92 4 156475 5

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Sobre la Instructora
Paternidad Proactiva
Dra. Deanna Marie Mason PhD
Mas de 20 años de experiencia clínica ayudando a familias: Licenciada en Enfermería, Máster en Práctica Avanzada de Enfermería: Pedriatric Nurse Practitioner y Doctorado (PhD) en enfermería. Profesora universitaria, especialista en educación del paciente, investigadora pediátrica, colaboración con publicaciones científicas internacionales de primer nivel, actividad filantrópica continuada relacionada con la promoción de la salud y el bienestar, esposa y madre de dos hijos.

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